miércoles, 30 de septiembre de 2009

OBJETOS FRÁGILES


“Después de todo, hay muchas cosas frágiles en la vida. Las personas se quiebran con facilidad, y también los sueños y los corazones.”



Una de mis últimas lecturas ha sido esta recopilación de relatos cortos firmados por Neil Gaiman.
Resulta sorprendente lo poco conocido que es este autor en España (exceptuando a los aficionados al género fantástico), a pesar de todos los premios y galardones que ha recibido y de sus múltiples incursiones (siempre con excelentes resultados) en distintos géneros literarios.

Gaiman comenzó su andadura con el comic "Sandman", una serie de 10 volúmenes, entre 1989 y 1996 que nos introduce en un mundo oscuro y fantástico, lleno de romanticismo decadente pero al mismo tiempo tremendamente irónico en el que las leyendas y los personajes mitológicos toman vida...convirtiéndose en todo un referente dentro del mundo del comic.
Desde entonces, y tras la publicación de su primera novela "Neverwhere", ha escrito guiones de cine ("Stardust", "Beowolf"...), libros ilustrados ("El dia que cambié a mi padre por dos peces de colores", "Los Lobos de la pared"), la novela infantil "Coraline" (que ha sido llevada al cine recientemente) y otras novelas como la genial "American Gods" (muy recomendable), "Los hijos de Anansi" o "Buenos Presagios"(escrita conjuntamente con Terry Pratchet).

Volviendo al libro que nos ocupa, el título de "Objetos Frágiles" acudió a Gaiman en un sueño. Como el propio autor dice en su introducción: "Un cuento -al igual que una persona, una mariposa, el huevo de un ave, el corazón humano y los sueños- es algo frágil, pues se compone de elementos tan precarios e insignificantes como son las veintiocho letras del abecedario y unos cuantos signos de puntuación. O de palabras pronunciadas en voz alta, que no son sino sonidos e ideas- cosas abstractas, invisibles, que se desvanecen nada más pronunciarlas- , ¿existe algo más frágil que eso? Y, sin embargo, hay cuentos pequeños y sencillos que hablan de aventuras y de gente que hace cosas extraordinarias, cuentos que hablan de magia y de monstruos, que han sobrevivido a quienes una vez los contaron, e incluso a las culturas de las que nacieron."

Creo que este párrafo describe perfectamente no solo el espíritu de los cuentos en general, sino también del libro de Gaiman en particular. La sensación que nos deja esta serie de relatos inconexos es de una fragilidad absoluta...quizá demasiada.

Aunque el libro conserva en general el estilo onírico de Gaiman y hay verdaderas joyas entre los relatos que nos presenta, otros nos dejan la sensación de estar incompletos, como si el autor no se hubiese molestado en pulirlos lo suficiente confiando en su propia genialidad. Si bien esto hará las delicias de algunos, personalmente, teniendo en cuenta la calidad a la que Gaiman nos tiene acostumbrados, me sentí bastante defraudada tras la lectura de algunos relatos, cuya procedencia, de lo más variopinta, es evidente en numerosas ocasiones, pareciendo que algunos han sido elegidos mas como relleno que por su calidad.
He de decir en su favor, sin embargo, que me parece de gran dificultad escribir un libro con relatos ya existentes, muchos de ellos realizados por encargo, y sin embargo Gaiman es capaz de crear una atmósfera similar en cada uno de ellos, de unirlos de algún modo a pesar de que no posean ningún elemento en común...exceptuando su fragilidad.

Como ya he dicho entre los relatos de este libro encontramos algunos magníficos, así que reseñaré los que más me han gustado, ya que la cantidad de relatos es demasiado grande como para hacer un resumen de todos ellos (sin contar que ya el propio autor hace un resumen de los mismos en la introducción de su libro).

El primero de los relatos, "Estudio en Esmeralda" (cuyo título hace un guiño a la novela "Estudio en Escarlata" de Sir Arthur Conan Doyle), fue escrito para una recopilación de relatos llamada "Sombras sobre Baker Street". El encargo de Gaiman era escribir "un cuento de Sherlock Holmes ambintado en el mundo de H.P Lovecraft", una mezcla sumamente interesante que Gaiman realiza con maestría, sin desvirtuar ni su propio estilo ni el de los personajes a los que toma prestados.

Otro de los mejores relatos del libro es "Las esposas prohibidas de los siervos sin rostro de la secreta morada de la noche", cuyo título deja traslucir la hilarante y desconcertante historia que Gaiman nos narra, que parodia afectuosamente algunas de las convenciones de las novelas de horror gótico.

"Aqui el tiempo es fluido"...con esta frase Gaiman empieza y termina un relato que es en realidad una paradoja temporal. 
Breve pero intenso, anticipa a otro de los mejores relatos de la antología, titulado "Goliat"; este último escrito antes de su estreno para la página web oficial de la película Matrix (donde todavía sigue). Se trata quizá de mi favorito en este libro, y por eso lo reproduzco integramente más abajo.

Mis otros dos favoritos son "Alimentadores y Alimentados", en el que Gaiman nos narra una terrorífica historia de sumisión y canibalismo, y "Crup del Hipocondriaco", que resulta fatalmente divertida.

Sin más, os recomiendo la lectura de este libro... a pesar de que no es el mejor de Gaiman, merece la pena. Y os dejo con mi relato favorito:

GOLIATH (por Neil Gaiman)

Podría decirse que siempre supuse que nuestro mundo, la supuesta realidad, no era más que una máscara, un falso envoltorio para esconder algo mucho más profundo y complejo. De algún modo sabía la verdad. Pero ahora creo que simplemente es así como han sido siempre las cosas. Incluso ahora que conozco la respuesta (al igual que tú amor mio, si es que estás leyendo esto), todo me sigue pareciendo igual de fantasmal y vacío. Otra realidad, otra mentira. Así es como me siento.

Me dijeron, “Esta es la verdad”. Les pregunté…”¿Eso es todo?”…”Si, algo asi. Al menos es todo lo que sabemos”.

1977. Todo lo que sabía de ordenadores se concentraba en una enorme y carísima calculadora que había comprado por aquel entonces. Había perdido el manual de instrucciones y no sabía como hacerla funcionar. Más allá de sumar, multiplicar y dividir, me aliviaba no tener que perder tiempo averiguando como calcular tangentes o funciones gráficas. Me habían rechazado en la RAF (Royal Air Force) y trabajaba como empleado de mantenimiento para unos almacenes de alfombras de segunda mano en Edgware, al Norte de Londres. Un día, sentado en mi pequeño cuchitril en la trastienda, todo cambió y se volvió extraño y peligroso.

Para ser exactos, fue como si las paredes, el suelo, los estantes atestados de periódicos y los calendarios de Top Less estuviesen hechos de cera, y comenzasen a derretirse, a mezclarse como si fueran una pasta viscosa, derramándose. Miré los edificios y las nubes en el cielo, las calles…se fundían y fluían, dejando la más completa oscuridad a su paso.

Estaba allí de pie, pisando el charco de lo real, coloreado con una fluorescencia atrayente. No me llegaba a la suela de mis zapatos marrones de piel (Tenía los pies demasiado grandes. Me tenían que hacer las botas a medida. Me costaban una fortuna). El charco seguía emitiendo esa extraña luminiscencia.

Supongo que me negaba a creer lo que ocurría. Me preguntaba si me habrían drogado o si estaría soñando. Pero era real, y me quedé alli parado en mitad de la oscuridad. Entonces, sin pensarlo, me puse a caminar, chapoteando por ese mundo líquido, gritando y pidiendo ayuda. Me preguntaba si habría alguien más allí.

Algo pasó frente a mi rozándome la cara.

“Hey” dijo una voz. El acento era americano, pero tenía muy mala entonación.

“Hola,” contesté.

Escuché un murmullo durante unos segundos, y entonces apareció un hombre. Bien vestido. Con unas finísimas y picudas gafas cuadradas.

“Eres un tio muy alto,” me dijo “¿Lo sabías?”

Claro que lo sabía. Tenía 19 años y medía casi dos metros y diez centímetros. Mis dedos parecían plantanos. Asustaba a los niños. No esperaba cumplir los cuarenta: la gente con mi constitución suele morir joven.

“¿Qué me está pasando?. ¿Lo sabes?”

“Un misil se cargó una de las CPU. Doscientas mil personas conectadas se han convertido en carne a la parrilla. Teníamos un enlace alternativo, por supuesto. Todo se arreglará en un momento. Estarás aquí flotando durante unos cuantos nanosegundos, mientras cargamos el sistema de Londres otra vez.”

“¿Eres Dios?” le pregunté. Nada de lo que había dicho tenía sentido alguno para mi.

“Si. No. No exactamente. No como tu lo concibes”

En ese instante la oscuridad pareció moverse y me encontré caminando hacia el trabajo, bebiendo una taza de te y sumido en la más extraña y duradera sensación de deja vu que había tenido hasta entonces. Fueron veinte minutos en los que sabía todo lo que iba a ocurrir, los clientes que iban a entrar en la tienda, por lo que iban a preguntar…Luego todo pareció volver a la normalidad.

Pasaron las horas, los días, los años.

Perdí mi trabajo en el almacén y conseguí otro como encargado en una compañía de ordenadores. Me casé con una chica llamada Sandra y tuvimos un par de niños, ambos normales. Pensaba que había encontrado a la persona junto a la que poder sobrevivir a cualquier problema o contratiempo. Pero acabó por fracasar. Nos separamos y ella consiguió la custodia de mis hijos. 1986. Rozaba los treinta. Trabajaba para Tottenham Court Road vendiendo ordenadores, parecía que se me daba bien el empleo.

Me gustaban los ordenadores.

Fueron días interesantes. Recuerdo cuando nos llegaron los primeros AT’s. Algunos con 40mb de disco duro…aquello era toda una maravilla de la tecnología para la época.

Seguía viviendo en Edgware, me desplazaba hasta Northern Line para el trabajo. Una noche en el metro, volviendo a casa, en mitad del trayecto a través de Euston, con el vagón casi vacío y el Evening Standard entre mis manos…me pregunté quienes eran los pasajeros. ¿Cómo serían sus vidas?. Miraba a una chica delgada, de color, escribiendo nerviosa en una pequeña libreta. Una anciana se sentaba a su lado, con un sombrero de terciopelo verde. Un poco más apartada, otra chica con un perro, a su lado un anciano con turbante y barba…

Entonces el metro se detuvo. Justo en un tunel.

Lo curioso es que había pensado exáctamente eso. Un segundo antes había deseado que el tren se detuviese. El silencio reinaba en todo el vagón.

En mitad del trayecto a través de Euston, el vagón estaba casi vacío.

En mitad del trayecto a través de Euston, el vagón estaba casi vacío y yo me preguntaba quien eran los pasajeros. ¿Cómo serían sus vidas?. Entonces el metro se detuvo. Justo en el tunel. El silencio reinaba en todo el vagón.

Sentí un golpe tan fuerte que creí que otro tren había chocado con nosotros.

En mitad del trayecto a través de Euston, el vagón estaba casi vacío. Entonces el metro se detuvo. Justo en el tunel. Sentí un golpe tan…

(La conexión será restablecida tan pronto como sea posible, susurró una voz dentro de mi cabeza)

Esta vez, mientras el tren aminoraba hasta llegar a Euston me pregunté si me estaba volviendo loco: Sentía como si me arrastraran a través de un bucle. De principio a fin y vuelta a empezar. Sabía que estaba ocurriendo, pero no podía hacer nada para evitarlo.

La chica de color terminó de escribir y me pasó una nota. “¿Estamos muertos?”

No lo sabía. Parecía una explicación tan lógica como cualquier otra.

Entonces nos envolvió un resplandor blanco.

No había suelo bajo mis pies, nada sobre mi cabeza, ningún indicador de distancia o tiempo. Estaba rodeado por la nada blanca. Y no estaba solo.

Apareción un hombre. Bien vestido. Con unas finísimas y picudas gafas cuadradas. Parecía un traje de Armani. “¿Otra vez tu?. ¿El grandullón?. Acabo de hablar contigo.

“No es posible,” le dije.

“Si. Hace media hora. Cuando explotaron los misiles”

“¿Estoy otra vez en el almacen?. Pero eso fue hace años.”

“Exactamente hace 37 minutos. Hemos estado en tiempo acelerado desde entonces, intentando parchear y arreglar los desperfectos, mientras buscábamos soluciones potencialmente viables.”

“¿Quién disparó los misiles?” pregunté. “Los Rusos?…¿Los Iraníes?”.

“Aliens,” Respondió.

“¿Estás de broma?”.

“Hasta donde puedo decir no. Hemos estado enviando sondas con vainas desde hace unos cientos de años. Parece que han respondido a una de ellas. Lo descubrimos cuando impactaron los primeros misiles. Nos ha llevado unos preciosos 20 minutos crear un plan de respuesta adecuado y ponerlo en práctica. Por eso hemos estado ejecutando el sistema a mayor velocidad. ¿Se te han pasado estas dos decadas demasiado rápido?”

“Si. Bastante la verdad.”

“Ya te he contado por qué. Hemos estado acelerando con el fin de mantener un paralaje adecuado mientras procesabamos”

“¿Y qué vais a hacer ahora?”.

“Seguiremos con nuestro contraataque. Les barreremos. Nos llevará un rato: Todavía no tenemos la tecnología adecuada. Tendremos que construirla”.

La nada blanca iba transformandose en tonos rosáceos oscuros y rojos ocres. Abrí los ojos. Por primera vez.

Estaba atrapado, en la oscuridad, atado e inmobilizado más allá de cualquier sitio que la imaginación pueda concebir. Nada tenía sentido. Era real, era una pesadilla. Duró treinta segundos, y cada uno de ellos duró una eternidad.

En mitad del trayecto a través de Euston, el vagón estaba casi vacío…

Inicié una conversación con una chica de color que escribía nerviosa en una pequeña libreta. Se llamaba Susan. Algunas semanas después, se mudó a mi piso.

El tiempo pasó rápido. Creo que me estaba volviendo muy sensible a ello. Quizá sabía lo que buscaba – o quizá sabía que había algo que buscar, aunque no supiera el qué – .

Una noche cometí el error de contarselo a Susan – Contarle que el mundo real era una mentira. Que la verdad era que estábamos conectados, cableados a unidades de proceso que funcionaban en ordenadores del tamaño de planetas, alimentados por una alucinanción global para mantenernos felices, que nos permitía comunicarnos y soñar, usando la parte del cerebro que nos quedaba libre para procesar todos esos datos.

“Somos como memoria” le dije. “Eso es lo que somos. Bancos de memoria”.

“No creerás realmente lo que me estás contado”, dijo con voz temblorosa “Es un cuento ¿verdad?”

Cuando hacíamos el amor, siempre quería que la tratase con dureza, pero nunca me atreví. No sabía hasta donde podía llegar con mi fuerza. Soy un estupido. No quería hacerle daño. Nunca quise tratarla mal. Dejé de contarle mis teorías.

De todas formas hubiera dado lo mismo. Me abandonó a la semana siguiente.

La echo de menos.

Los deja-vu se hacían más frecuentes. Cada instante vibraba, se multiplicaba, se repetía y volvía a pasar.

Entonces una mañana me desperté y estaba otra vez en 1975. Tenía dieciséis años, y después de un duro día en el colegio regresaba a casa y salía hacia el centro de reclutamiento de la RAF, en Kebab House, cerca de Chapel Road.

“Eres un tío muy grande,” dijo el oficial. Pensé que era Americano, pero el decía ser Canadiense. Llevaba unas finísimas y picudas gafas cuadradas.

“Si,”.

“¿Y te gusta volar?.”

“Más que nada en el mundo” le dije. Me pareció recordar un mundo en el que había olvidado que me gustaban los aviones, lo que me resultó tan extraño como olvidar mi nombre.

“Bueno,” dijo el hombre de las gafas, “Vamos a tener que quebrantar algunas normas. Pero te pondremos en el aire enseguida” Parecía decir la verdad.

Los años posteriores corrieron muy deprisa. Era como si los hubiera pasado metido en diferentes tipos de aviones. Sentado en diminutos asientos, pulsando botones demasiado pequeños para mis dedos.

Me concedieron la medalla al servicio. Después la del merito, la del valor y después la Distinción de Gracia, que ni siquiera el Primer Ministro tenía. Para entonces volaba en increíbles aparatos y aviones que no parecían tener motores o sistema de propulsión alguno.

Empecé a salir con una chica llamada Sandra, al poco tiempo nos casamos y tuvimos que mudarnos a un complejo residencial precioso cerca de Dartmoor. No tuvimos hijos: Me habían advertido que era una consecuencia lógica de mi exposición a la radiación y que no intentáse tenerlos. Desconocían que efecto tendría esa radiación en los bebés.

1985. El hombre de finísimas y picudas gafas cuadradas entró en mi casa.

Mi mujer estaba pasando unos días en casa de su madre. Las cosas se habían puesto un poco tensas. Se marchó para tener un poco de tiempo para pensar. Según dijo, la estaba sacando de quicio. Pero si alguien debía estar nervioso por algo ese era yo. Sabía todo lo que iba a ocurrir antes de que ocurriera. Pero no sólo era yo: era como si todo el mundo supiera lo que iba a ocurrir. Como si fueramos sonámbulos por nuestra vida y esto se hubiera estado repitiendo veinte mil veces.

Quise contarselo a Sandra, pero de algún modo, sabía que iba a perderla si abría la boca. De todas formas el fracaso parecía inevitable. Estaba sentado viendo El Metro en el Canal Cuatro y bebiendo una taza de te, y me sentía asqueado conmigo mismo.

El hombre de finísimas y picudas gafas cuadradas entró en mi casa, como si fuese la suya. Miró su reloj

“Perfecto. Hora de irnos. Vas a pilotar algo muy parecido a un PL-47.”

Incluso los galardonados con la Distinción de Gracia desconocían la existencia de los PL-47s. Parecía una taza voladora. Como si fuera un modelo sacado de Star Wars.

“¿No debería dejarle una nota a Sandra?” pregunté.

“No,” respondió rotundamente. “Ahora, sientate en el suelo y respira hondo. Inspira, expira.”

Nunca se me había ocurrido discutirle. O desobedecerle. Me senté en el suelo y empecé a respirar, lentamente, tomando aire y expulsandolo, una y otra vez…

Dentro.

Fuera.

Dentro.

Sacudida. El dolor más insoportable que he llegado a sentir jamás. Estaba en estado de shock.

Dentro.

Fuera.

Gritaba, pero no podía escuchar mi propia voz, todo lo que oía era un gemido lento y apagado

Dentro.

Fuera.

Era como nacer otra vez. Incomodo. Doloroso. La respiración me guiaba a través del dolor y la oscuridad, mis pulmones parecían hervir. Abrí los ojos.

Estaba tendido en una superficie metálica. Desnudo. Mojado y rodeado de cables. Salían de mí y se replegaban, como gusanos asustados o serpientes brillantes.

Contemplé que no tenía rastro alguno de pelo, no tenía arrugas. Me pregunté que edad tendría realmente. ¿Dieciocho?.¿Veinte?. Era incapaz de adivinarlo.

Una pantalla de cristal se extendía sobre la superficie metálica. Brilló un instante y se encendió. Contemplaba al hombre de las gafas picudas.

“¿Recuerdas?. Deberías poder acceder a tus recuerdos, al menos por ahora.”

“Creo que sí,” le contesté.

“Pilotarás un PL-47. Acabamos de construirlo. Tenemos que revisar los esquemas y avanzarlos. Modificar algunas factorías para desarrollarlo. Tendremos una flota preparada mañana. Ahora tan sólo contamos con uno.”

“Asi que si no funciona, tendréis algo para sustituirlo ¿no?.”

“Si sobrevivimos hasta entonces. Otro bombardeo ha empezado hace quince minutos. Se ha cargado buena parte de Australia. Pensamos que es un preludio. El verdadero ataque está por llegar.” contestó.

“¿Con qué os atacan?. ¿Armamento nuclear?”.

“Rocas.”

“¿Rocas?”

“Aha. Rocas. Asteroides. Muy grandes. Creemos que si no planteamos una rendición, arrojarán la luna contra nosotros.”

“Estás de broma.”

“Ojalá.” La pantalla se apagó.

La superficie metálica atravesaba una maraña de cables, sobre una vasta extensión formada por gente dormida. Cada uno de ellos conectados a inmensas torres y encerrados en cápsulas gelatinosas.

El PL-47 me estaba esperando en la cima de una montaña hecha de metal. Pequeñas placas de hierro apiladas formando un pico robusto y pulido.

Con las piernas temblorosas, caminé hacia el, todavía atontado. Me senté en la cabina. Sorprendentemente, parecía hecha a mi medida. Mis manos comenzaron a pulsar los botones de encendido. Unos extraños cables se sujetaron a mis muñecas. Sentí que algo entraba en la parte trasera de mi cabeza.

Entonces mi conocimiento sobre el manejo de la nave aumentó. Era como si la viese en 360 grados, por encima y por debajo. Al mismo tiempo permanecía sentado en la cabina, ultimando el lanzamiento.

“Buena suerte,” dijo el hombre de las gafas desde una pequeña pantalla a mi izquierda.

“Gracias. ¿Puedo hacerle una última pregunta?”

“No veo por qué no.”

“¿Por qué yo?”

“Bueno, la respusta más corta es que fuiste diseñado para hacer esto. Hemos retocado un poco el diseño humano en tu caso. Eres más grande, más rapido. Tienes tiempos de reacción más cortos.”

“No soy rapido. Si, soy más grande de lo normal, pero muy torpe.”

“En el mundo real no”.

Entonces despegué.

No llegué a ver a los Aliens, pero sí una de sus naves. Parecía una masa de algas: era orgánica, brillante, algo enorme que orbitaba alrededor de la luna. Similar a algo que podrías haber visto crecer bajo el agua del tamaño de Tasmania.

Unos tentáculos de casi doscientas millas empujaban asteroides de diversos tamaños tras de si. Hubiera jurado que era la boca de un gran monstruo marino.

Empezaron a dispararme en cuanto aparecí en su campo visual.

Observé como mis dedos activaban las compuertas de misiles mientras me preguntaba como demonios sabía hacer eso. No estaba ahí para salvar mi mundo. La realidad era una ilusión: una secuencia de unos y ceros. Estaba luchando por salvar una pesadilla…

Pero si la pesadilla era destruída. Mi mundo también estaría condenado.

Conocí a una chica llamada Susan. La recordaba de forma fantasmal, de una vida largo tiempo olvidada. Me preguntaba si aún seguiría viva (¿Habían pasado unas horas o cientos de años?). Supuse que estaría conectada a esos cables en alguna parte, sin memoria, sin recuerdos de un miserable y paranoico gigante.

Tan cerca de la nave extraterrestre, podía ver sus fauces. Las rocas que sostenía eran de menor tamaño y más pulidas. Esquivé los disparos. Parte de mi estaba maravillado. Nada de turbinas o cualquier otro tipo de combustible, solo energía mental.

Si sólo uno de esos asteroides hubiera impactado contra la nave, habría muerto en el acto. Tan simple como eso.

La única forma de acabar con ellas era esperar a que se le agotasen. Así que continué esquivandolas.

El núcleo de la nave alien estaba ahora frente a mi. Era una especie de ojo que me observaba.

Estaba sólo a unas cuantas millas cuando disparé y emprendí la maniobra evasiva.

Casi explota justo en el centro del núcleo. Fue como una traca de fuegos artificiales. De alguna forma era un espectáculo maravilloso. Abrió un gran agujero en la nave del que emanaban chispas y escombros…

“¡Lo conseguí!. ¡Joder lo he conseguido!”

La pantalla a mi izquierda se encendió. Alli estaba mi amigo de las gafas picudas. Me miraba carente de expresión . “Lo has conseguido”

“Bien, ahora ¿donde debo aterrizar esta cosa”

Noté cierta perturbación en su mirada “No puedes. No la diseñamos para regresar. Es una redundancia que no necesitamos. Sería muy costoso mantenerla.”

“¿Entonces que hago ahora? He salvado la tierra. ¿Mi recompensa es achicharrarme aquí fuera?”

“Algo así”

Las luces fueron apagandose. Una por una. Los controles dejaron de funcionar. Perdí la visión perceptiva de la nave. Ahora estaba solo, empotrado contra la cabina en mitad de ninguna parte, en una taza de te voladora.

“¿Cuanto me queda?”

“Estamos apagando los sistemas. Un par de horas como mucho. No evacuaremos el aire del interior. Sería inhumano”.

“En mi mundo, lo que he hecho sería motivo de premios y medallas.”

“Obviamente estamos agradecidos.”

“¿No podéis darme algo más tangible en señal de vuestra gratitud?”.

“No. Eres prescindible. Una unidad. No podemos darte nada. Es como una colmena de abejas que agradeciese la colaboración de cada soldado. No es sensato ni viable traerte de vuelta”.

“Y por supuesto no queréis que el potencial destructivo de esta nave regrese a la tierra, donde podrían utilizarlo contra vosotros”

“Tu lo has dicho.”

La pantalla se apagó. Sin una despedida. No intenten recuperar la emisión, la realidad ha sufrido una avería, pensé en la penumbra.

Es curioso como valoras el hecho de poder respirar cuando apenas te quedan dos horas de oxígeno. Conteniendo el aliento. Soltándolo lentamente. Dentro. Fuera. Manteniéndolo…

Estaba sentado. En la oscuridad. Esperé. De repente dije “¿Hola?.¿Hay alguien ahí?”

Un ruido. La pantalla se encendió,se llenó de numeros y una voz contestó “¿Si?.

“Tengo una petición. Escuchad. Vosotros…máquinas, lo que seáis. Me debéis una. ¿Cierto?. Es decir, he salvado vuestras vidas.

“…Continua.”

“Me quedan un par de horas ¿no es así?”

“57 minutos.”

“¿Podéis enchufarme a mi mundo?. ¿Al mundo en el que antes estaba insertado?.”

“No lo se. Espera.” La pantalla volvió a apagarse.

Esperé, respirando lentamente. Me sentía en paz, si no recordase que me quedaban apenas minutos para morir hubiera sido algo fantástico contemplar todo aquello.

Nuevo brillo en la pantalla. Esta vez sin imagen. Nada. Solo una cándida luminiscencia. Y una voz, en parte sonaba en mi cabeza y en parte salía de la pantalla. “Trato hecho.”

Un pequeño pinchazo en mi cerebro. Oscuridad.

Y entonces ocurrió.

Eso fue hace quince años: 1984. Volví al trabajo en ordenadores. Tengo mi propia tienda en Tottenham Court Road. Ahora, aproximándonos al nuevo milenio, es cuando me he decidido a transcribir todo aquello en esta historia. Esta vez me casé con Susan. Tardé un par de meses en encontrarla. Tenemos un hijo.

Tengo cerca de cuarenta años. La gente con mi tamaño no suele vivir mucho más. Se nos para el corazón. Cuando leas esto estaré muerto. Sabrás que he muerto. Verás una caja del tamaño de dos hombres enterrada bajo tierra.

Pero tienes que saber la verdad Susan, amor mio: mi verdadero ataud orbita alrededor de la luna. Parece una taza de te. Me devolvieron el mundo, y a ti, o al menos lo que conocía de ti, por un breve espacio de tiempo. La última vez te conté, o le conté a alguien muy parecido a ti, la verdad. Lo que sabía. Y tu te marchaste. Quizá no eras tu realmente, ni yo era yo. Esta vez no me he atrevido a perderte. Por eso he escrito todo esto. Te lo entregarán junto con el resto del papeleo. Adiós.

Puede que sean unos bastardos. Mecánicos. Carentes de emociones, chupando de la mente de toda la humanidad su propia energía. Pero no puedo dejar de sentir gratitud hacia ellos.

Moriré dentro de poco, pero estos últimos cincuenta minutos han sido los mejores de mi vida.





viernes, 25 de septiembre de 2009

TAXIDERMIC ART: POLLY MORGAN


Si hablamos de arte controvertido y transgresor uno de los nombres imprescindibles dentro de la escena contemporánea sería el de la británica Polly Morgan.
A pesar de que sus obras pueden resultar desagradables para algunos, otros las consideran de una belleza conmovedora.
Personalmente me cuento entre estos últimos aunque he de reconocer que mi primera reacción ante la obra de Morgan fue a un mismo tiempo de atracción y rechazo.

Hay que aclarar, tal y como lo hace la propia artista en su web, que ningún animal de los que utiliza para sus creaciones ha sido sacrificado para tal propósito, sino que los cuerpos proceden de veterinarias o del hallazgo de animales ya muertos.

Al contrario de lo que ocurre con la taxidermia tradicional, que trata de hacer que el animal parezca aún vivo y de situarlo en su hábitat natural, Morgan utiliza esta técnica para preservar la belleza de los colores y las formas, pero no pretende representar en ningún momento a un animal vivo, más bien al contrario suele situarlos en composiciones inesperadas que a veces recrean la muerte de los mismos.


Polly Morgan asegura ser una amante de los animales, pero también de lo oscuro; así la taxidermia le permite compaginar ambas cosas.
"En mis obras trato de lograr algo hermoso a partir de algo que nadie esperaría que lo fuera", dice la artista.


Los trabajos de Morgan despiertan gran polémica, tanto por la utilización de cadáveres de animales para realizar obras de arte (por la que algunos de los amantes de la naturaleza sienten repulsión), como por su macabra apreciación de la belleza.
Sin embargo, en la actualidad es una de las artistas más cotizadas y entre sus clientes se encuentran muchos personajes famosos. Existe una "anécdota" al respecto que ilustra perfectamente la impresión que la obra de Morgan puede causar en algunas personas, como los empleados de la empresa de mudanzas que trabajaron en el traslado de la cantante Courtney Love (a veces más conocida como la viuda de Kurt Cobain) y que tras encontrarse con un pajarillo muerto dentro de una caja de fósforos a medio abrir, decicieron que era mejor tirarlo a la basura sin saber que se trataba de una obra de Morgan valorada en ocho mil libras.

Este episodio nos muestra lo que yo considero uno de los dilemas morales subyacentes en la obra de Polly Morgan...la contradicción de encontrar la belleza en algo muerto, especialmente dentro de la concepción que posee nuestra cultura occidental, que rechaza tanto la vejez como la muerte y no los acepta como parte del ciclo vital.

 Web de Polly Morgan 


 Entrevista con Polly Morgan 

jueves, 24 de septiembre de 2009

MABON




Mabón es la festividad solar o Sabbath que celebra el Equinoccio de Otoño, a la que también se conoce con los nombres de Mea´n Fo´mhair, Winter Fidding, Alban Elfed ("Luz de Otoño"), Última Cosecha, Cosecha del Vino, Cornucopia, Nacimiento del Invierno...se celebra dependiendo del año, entre los dias 20 y 25 de Septiembre y coincide con la entrada del Sol en Libra.

El nombre de Mabon no es, sin embargo, histórico, ya que aunque el pueblo celebraba esta festividad no ha llegado hasta nosotros el nombre que le daban; de esta forma el nombre de Mabón, que hace referencia a un dios galés de la caza y la fertilidad fue acuñado por Aidan Kelly en los años 70, al igual que el nombre neodruídico de Alban Elfed, que fue otorgado a la festividad por Iolo Morganwg, quien trató de reconstruir la tradición y filosofía de los druidas y bardos galeses.
El dios galés Mabón ("hijo divino") era hijo de Modron ("madre divina") y provenía del antiguo dios británico Maponos (el cual fue comparado con Apolo por los romanos). Para los irlandeses su equivalente era Aegnus Mac Óg. Todos ellos fueron jóvenes dioses cazadores o guerreros asociados con la fertilidad.


Durante esta festividad, cuando el Sol entra en el signo de Libra, celebramos que día y noche igualan sus horas...para que poco a poco la oscuridad vaya ampliando su reinado durante los meses de invierno...en los cuales las noches serán más largas.
En Mabón damos gracias por la fertilidad y los dones de la Tierra, agradecemos al Dios y la Diosa las bendiciones otorgadas y nos preparamos para una época de reflexión e introspección.

La Diosa envejece y se convierte en la Anciana, o la Hechicera, su aspecto más lleno de sabiduría y magia; mientras que el Dios se prepara para su inminente muerte en Samhain (el final del año, el día más mágico, en el cual las fronteras entre la realidad y el mundo mágico se vuelven más tenues) y su posterior resurreción en Yule.

Mabon nos invita a reflexionar sobre la necesidad tanto de la luz, como de la oscuridad, y sobre el eterno e inevitable ciclo de nacimiento, madurez, muerte y resurreción al que todo y todos estamos sujetos.
El Equinoccio de otoño es una época de serenidad, de calma y meditación, a la cual la propia naturaleza nos induce. Se realiza la última cosecha y las plantas dejan de producir mientras la tierra se prepara para sumirse en su letargo invernal.

Los árboles se despojan de sus hojas y nos invitan a soltar lo viejo, a deshacernos de aquello que ya no necesitamos, a preparanos para terminar un ciclo y empezar otro...

Mabón significa también equilibrio, ya que día y noche igualan sus horas, y de hecho la festividad coincide con la entrada del Sol en el signo de Libra, la Balanza, es necesario sentir este equilibrio dentro de nosotros mismos y adaptarnos al ciclo natural de la vida...

Es el momento de recoger los frutos de nuestro jardín o huerto...y también otro tipo de cosecha: los frutos de nuestros trabajos espirituales, mágicos...o cualquier otro tipo de labor...todas darán su fruto.

Mabon es una festividad de la cosecha y durante ella se celebraban rituales relacionados con la misma, y de forma muy especial con la vendimia, que se realiza durante estos dias (de hecho Mabon es celebrado durante el Mes de la Vid, si atendemos al calendario arbóreo celta reconstruído por Robert Graves).
Para algunos de los antiguos pueblos celtas la cosecha era un acto de "violencia" para con las divinidades de la tierra y en especial la recogida de los últimos frutos, la cual se realizaba de forma ritual por un hombre elegido que debía trenzar con el trigo una muñeca que simbolizaba el poder fertilizador de la Madre Tierra, ésta tradicionalm,ente forma femenina pero también podía representar una libre o una yegua.
A menudo la muñeca o "reina de la coseha" era guardada por aquel que recogía el último haz hasta la primavera siguiente, durante la cual era plantada en sus tierras para asegurar la fertilidad de las mismas, en otros lugares la muñeca se pasaba de vecino a vecino o se dejaba durante la noche en los campos de un agricultor perezoso o lento.
Estas muñecas hechas con espigas de trigo, tradicionales en diversas celebraciones relacionadas con la cosecha a lo largo de toda Europa se suponía que capturaban e su interior el espíritu de la cosecha (de hecho hay teorías que indican la procedencia de la palabra "doll" o "dolly", muñeca en inglés, como corrupción de "idol", ídolo). Recibía diferentes nombres dependiendo del lugar, algunos de ellos son: "Madre Haz" en Bretaña, Caseg Fedi o Caseg ben Fedi en Gales ("la yegua de la cosecha" o "el final de la yegua de la cosecha"), Wratch ("la bruja") en el norte de Pembrokeshire, sur de Cardiganshire y oeste de Carmarthenshire, Neck en el sur de Pembrokeshire, Reina de la cosecha o Cailleac ("la anciana" o "la hechicera") en Escocia (dependiendo de si la cosecha había sido buena, en cuyo caso recibía el primer nombre o escasa, en cuyo caso recibía el segundo, pues la vieja hechicera es sabia y poderosa pero estéril), Kornmutter o Kornwolf ("madre o loba del maíz") en Germania o Baba en Polonia.

Otras tradiciones correspondientes a esta época son la recolección de hierbas, la fabricación de coronas de hiedra y avellano como ofrenda al dios anciano ("el viejo hombre verde"), ofrendar manzanas en los enterramientos o túmulos funerarios o la fabricación de cornucopias, simbolizando nuestro agradecimiento por la abundancia del estío.

La festividad del equinoccio fue cristianizada como el día de San Miguel Arcángel, que se celebra el 25 de Septiembre.
Correspondencias de Mabón:

Colores: anaranjado, rojo, amarillo, marrón, dorado, violeta.

Dioses: Mabón y su madre Modron, Thor, Isis, Freya, Hermes, Deméter, Perséfone, Pomona, Bona Dea, Hades, Dioniso, Baco, Maponos, el Hombre Verde y todas las Diosas Madres, especialmente en su aspecto de Anciana/Hechicera

Árboles, Hierbas & Frutos: Avellano, Maíz, Álamo, Avellanas, Nuez, Bellotas, Ramitas de roble, Trigo, Hojas de otoño, Tallos de trigo, Girasol, Conos de Ciprés, Conos de pino, Manzana, Milenrama, Romero, Caléndula, Camomila...

Inciensos: Mirra, Benjuí, Salvia, Cardo, Madreselva, Ciprés, Sándalo, Pino, Enebro.

Piedras: Zafiro, ambar amarillo, ojo de tigre, ojo de gato, cuarzo, oro. adventurina y cualquier piedra de
color rojizo, anaranjado o amarillo ya que al ser una festividad solar las piedras y minerales regentados por el Sol atraerán simbolicamente la energía del mismo.

Alimentos: Pan, habas, calabaza, manzanas, zanahorias, patatas, cebollas, máiz, peras,
 uvas, granadas bellotas, semillas, frutos secos, vino, cerveza y sidras.

lunes, 21 de septiembre de 2009

MEMENTO MORI: FOTOGRAFÍA POSTMORTEM


Se llama Fotografía Post Mortem a toda aquella que es tomada después de la muerte de una persona y dentro de la misma se encuentran disciplinas como la fotografía forense o el registro de disecciones, sin embargo la fotografía post mortem de la que pretendo hablar en este post es aquella que surgió y se popularizó durante el siglo XIX y que retrataba, como recordatorio, a los familiares una vez fallecidos.



Se trata de una costumbre que tal vez hoy nos parezca macabra pero que hay que situar correctamente en su época y contexto. Este tipo de fotografía nace casi al mismo tiempo que la propia disciplina fotográfica. En 1816 Nicéphore Niepce obtuvo las primeras imágenes fotográficas y la fotografía más antigua que se conserva data de 1826.
La primera fotografía post mortem es tomada en 1839 en Paris y la costumbre se extiende rápidamente a otros países. Evidentemente, por aquel entonces ser fotografiado era algo a lo que no todo el mundo podía acceder y que se reservaba para ocasiones muy especiales. ¿Y que ocasión más especial que la partida de un ser querido? Al fin y al cabo era la última oportunidad de conservar una imagen de la persona fallecida.

Por otra parte, los difuntos eran sujetos ideales para el retrato fotográfico, por los largos tiempos de exposición que requerían las técnicas del siglo XIX. Niepce necesitó ocho horas de exposición, ni mas ni menos, para obtener sus primeras imágenes, por lo que en aquella época era más popular el daguerrotipo, inventado por Louis Daguerre en 1839, el cual reducía los tiempos necesarios de exposición y cuyo procedimiento sería el antecesor de la fotografía instantánea de Polaroid.
Hércules Florence, Hippolythe Bayard y William Fox Talbot desarrollaron métodos diferentes. El de Talbot, basado en un papel cubierto con cloruro de plata, es el que más se acerca a la fotografía actual ya que producía un negativo que podía ser positivado tantas veces como se desease.

Dada la gran popularidad de la fotografía post mortem, especialmente a partir de 1860 (cuando la mayoría de la gente empezó a poder permitirse el tener un retrato fotográfico, aunque este seguía reservándose para ocasiones especiales) hubo incluso fotógrafos que se especializaron en esta disciplina como podemos comprobar en un extracto de el diario "El Nacional" (1861) en el que el fotógrafo Francisco Rave y su socio José María Aguilar anuncian que "Retratan cadáveres a domicilio, a precios acomodados..."




En un principio se solía retratar a los difuntos en actitud de reposo, como si estuviesen durmiendo o descansando, simbolizando así el "sueño eterno", un eufemismo con el que se alude a la muerte.
También se hizo común el retratar a los cadáveres acompañados de sus seres queridos: madres sosteniendo a sus bebés muertos, niños sentados al lado de sus hermanos recién fallecidos o el finado rodeado de sus parientes cercanos.


Otra costumbre era disponer al muerto en una silla o en actitud cotidiana, simulando que estaba vivo, para lo cual, a menudo debían abrirse los ojos del difunto. Proceso que, en algunas fotografías, esta realizado de forma magistral mientras que en otras deja traslucir la falta de vida del cadáver fotografiado.
El fotógrafo solía ser el encargado de maquillar y vestir el cuerpo.

Posteriormente comenzaron a utilizarse ornamentos, normalmente símbolos relacionados con la muerte, como flores o crucifijos.
La fotografía post mortem se mantuvo como práctica extendida hasta mediados del siglo XX. A partir de entonces y aun en la actualidad este tipo de fotografías se realiza solamente tras la muerte de personalidades importantes y normalmente ya en el ataúd o durante el velatorio.



Aunque desde nuestro punto de vista actual esta costumbre pueda parecer morbosa o macabra nada más lejos de la realidad, pues en su época era algo muy común y totalmente aceptado por la sociedad, aunque quizá la muerte no es hoy en dia, algo que consideramos tan cotidiano, ya que evidentemente las tasas de mortandad (especialmente las infantiles) han descendido bastante y quizá cada vez la vejez y la muerte son más rechazados, siendo algo que la sociedad prefiere obviar. Sin embargo, como dice la frase de origen romano, aquella que un sirviente le susurraba al emperador o el general victorioso durante su triunfo, y que ha pasado a designar un tipo de arte dentro del que se engloba la fotografía post mortem: Memento Mori , " Recuerda que eres mortal".

domingo, 20 de septiembre de 2009

EOS Y TITÓN

El carácter de la diosa Afrodita, especialmente como Venus en la mitología romana, era el de una diosa caprichosa y voluble. Diosa del amor...si, pero implacable con sus adversarios...
Es bien conocida su relación amorosa con Ares (Marte), dios de la guerra, a pesar de estar casada con Hefesto (Vulcano), el dios del fuego y la forja, pero también el menos agraciado de entre todos los dioses del Olimpo.
De hecho, es bastante conocido el episodio en el cual, conocedor de las infidelidades de su esposa, Hefesto tendió a los amantes una trampa, con la cual quedaron atrapados así en una red cuando se disponían a entregarse a sus amorosos juegos. Hefesto esperaba así escarmentarlos, pero ocurrió todo lo contrario a sus expectativas, convirtiéndose él, como cornudo, en el hazmerreir del resto de dioses del Olimpo.

 Después de disfrutar de los favores sexuales de Afrodita, Ares continuó dando rienda suelta a su pasión con Eos, diosa del amanecer, la aurora.
Pero en una ocasión Afrodita descubrió juntos a los amantes y, presa de los celos, maldijo a la pobre Eos condenándola a no volver a amar nunca más a un dios, de forma que a partir de entonces solamente sintiese pasión por los mortales.
La maldición se cumplió, pues al poco tiempo, Eos se enamoró perdidamente de Titón, un principe troyano de gran hermosura.
Su amor fue correspondido y ambos se sentían tan dichosos y unidos, no queriendo separarse jamás, que en un momento dado Titón pidió a Eos que le concediese el don de la vida eterna, para permanecer a su lado hasta el final de los tiempos, petición a la que Eos accedió sin apenas pensarlo.
Pasaron los años y los amantes vivían en una gran dicha, hasta que, con el tiempo, Eos descubrió que al hacer inmortal a Titón había olvidado hacerlo también joven y saludable para siempre...pues Titón fue convirtiéndose en un viejo decrépito y achacoso...condenado a soportar este estado por toda la eternidad.
Finalmente Titón suplicó a su amada Eos que le permitiese morir en paz, pues su vida estaba llena de dolor y era insoportable.
Eos pidió entonces ayuda a Zeus, pero ni siquiera el dios supremo del olimpo podía deshacer el don concedido por otro dios; así que, finalmente, dado que Titón no podía vivir en ese estado, pero tampoco morir, la diosa lo transformó en cigarra, la cual desde entonces saludaría a su amada cada mañana con los primeros rayos de Sol.





GIUSEPPE ARCIMBOLDO


La obra del artista Italiano Giuseppe Arcimboldo (Milan, 1527 - 1593) encarna en gran medida el espíritu científico del renacimiento.

Sus cuadros, al igual que los "Gabinetes de Curiosidades" contemporáneos del autor (a los cuales casi nos transportan visualmente), se sirven de distintos elementos que combinados conforman un microcosmos que solo posee sentido en si mismo y en relación con el macrocosmos del que forma parte. Los motivos utilizados reponden a una clasificación metafórica, única y personal, que otorga sentido a sus componentes en base a la interrelación de los mismos.

Se suele considerar la obra de Arcimboldo perteneciente al estilo "manierista". Éste movimiento llevó hasta el extremo los ideales del Renacimiento, que por entonces se encontraban desgastados, casi agotados... y dio como resultado un realismo imposible, de cuerpos retorcidos, posturas incongruentes y anatomías distorsionadas que utiliza colores cálidos pero antinaturales.

Sin embargo la profusión de motivos en la obra del italiano y el abigarramiento de los mismos al formar distintas figuras nos deja ver atisbos del posterior estilo barroco, dentro del que otros le clasifican

Hijo del pintor Biagio, comenzó realizando diseños para vidrieras, si bien su obra convencional, que abarca principalmente temas religiosos ha sido practicamente olvidada, en gran parte debido a la excepcionalidad y rareza de sus otras obras, aunque hay quienes ya ven en ella atisbos del pecualiar estilo que caracterizará sus posteriores trabajos.

En 1560 su fama como artista se ha extendido y se traslada a Praga para entrar al servicio de los Habsburgo, a cuya cabeza por aquel entonces se encontraba Maximiliano II, rey de Hungría y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Pronto es nombrado retratista en la corte, trabajando también como decorador, diseñador de trajes, organizador de eventos...y sorprendiendo tanto al emperador como a sus sucesores, Fernando II y Rodolfo II , con sus ingenios e inventos

Parece que muchos de sus trabajos se han perdido , pues tras su muerte la obra de Arcimboldo fue rápidamente olvidada y sus cuadros considerados como extravagancias, caprichos o burlas. No fue hasta finales del siglo XIX o principios del siglo XX que fue redescubierto y nuevamente valorado, considerándosele una gran influencia dentro del movimiento surrealista y para uno de los máximos representantes del mismo, Salvador Dalí.


"El Bibliotecario"

De hecho quizá la obra más original e insólita por su estética en el repertorio de Giuseppe Arcimboldo sea "El Bibliotecario" que casi parece antecesora del cubismo del siglo XX.



Una de las primeras series de la que tenemos constancia es "Las Estaciones", de la cual realizó diversas copias entre 1572 y 1573 y que constituye una alegoría de las estaciones representada mediante todo tipo de frutas, vegetales y otros elementos pertenecientes a cada una de las épocas del año que en conjunto conforman cuatro perfiles humanos distintos.

Personalmente, una de las cosas que más sorprendente me resulta de esta serie es el hecho de que el verano, a pesar de la benevolencia con la que normalmente se caracteriza, resulta más inquietante y grotesco que el invierno, considerado la más hostil de las estaciones y que sin embargo, al igual que el otoño, posee cierto toque entrañable en la obra del artista.
Arcimboldo elige perfectamente los elementos que representan cada estación, no solo por su pertenencia a determinada época del año si no por los sentimientos que evocan asociados a ese período. A pesar de que su disposición pueda parecer desordenada y caótica, no es en absoluto casual y está destinada a transmitir un determinado simbolismo.


Posteriormente realizó otra serie de cuatro retratos alegóricos que personificaban los elementos: aire, agua, tierra y fuego. Los tres primeros están formados con las imágenes enmarañadas y entrelazadas de animales pertenecientes a cada uno de los elementos: así la personificación del aire está formada por todo tipo de aves, la de la tierra por mamíferos y la del agua por peces. "El Fuego" está compuesto, sin embargo, por objetos de naturaleza inorgánica relacionados, eso si, con el elemento a tratar, como una pequeña fogata, velas, arcabuces o incluso cañones.

-->Se pueden relacionar las series de "Las Estaciones" y "Los Elementos" mediante un supuesto eje simbólico, que los asocia ( el aire con la primavera, el verano con el fuego, el otoño con la tierra, y al invierno con el agua) y contrapone a través de la orientación de los perfiles los conceptos de cálido/frio y húmedo/seco (el verano es cálido y seco, como el fuego; la primavera cálida y húmeda, como el aire; el otoño seco y frio, como la tierra y el invierno frio y húmedo, como el agua).

Otro de los elementos comunes entre ambas series es la influencia de los motivos y figuras clásicos, algo que encontramos en casi toda la obra de Arcimboldo, especialmente en dos de sus obras más famosas: "Vertumnus" y "Flora". Ambos son retratos alegóricos de dos deidades romanas, masculina y femenina, asociadas a la naturaleza y el mundo vegetal, cuyos elementos utiliza Giuseppe para representarlos.
"Vertumnus" es al mismo tiempo un retrato de Rodolfo II, que Arcimbolo envió junto con "Flora" al emperador como regalo en 1591, después de haberse retirado de la corte para volver a su ciudad natal .


"Vertumnus"

De hecho hay quien considera la obra de Arcimboldo un medio de enaltecimiento de la casa de los Habsburgo, pues a menudo encontramos en sus obras símbolos relacionados con la realeza, como los elementos dispuestos en forma de corona, o que hacen clara referencia al escudo de armas de la familia real.

Rodolfo II fue el último de los emperadores para los que trabajó Arcimboldo, y es sabido que el monarca tenía un gran gusto, heredado de sus antecesores, por lo extraño e inusual y se considera su reinado como la edad de oro de la Corte Austriaca. El emperador albergó en su corte a científicos, alquimistas, astrólogos, inventores, artistas y eruditos, reflejando el "racionalismo irracional", mezcla de ciencia y superstición, que caracteriza la época. Rodolfo II poseía un amplio gabinete de curiosidades, resultado del incremento de las colecciones privadas de sus predecesores, en el que Giuseppe encontró inspiración y pudo observar detalladamente muchos de las plantas, exóticos animales y objetos que conforman sus cuadros.

Una de sus obras más debatidas es "El Jurista", donde un inquietante personaje comparte visión con el ojo de un pollo disecado. Algunos creen que podría tratarse de un retrato de Calvino (aunque no se ha llegado a ningún acuerdo sobre quien es la persona representada), ya que en aquella época el imperio se hallaba dividido entre católicos y protestantes.


Las "naturalezas muertas" y "retratos invertidos" de Giuseppe Arcimboldo han trascendido, pues, su propia época y aún hoy en día resultan sorprendentes e inquietantes, conformando una especie de caligrama pictórico que en ocasiones despierta un inicial sentimiento de desagrado o rechazo, ya que los elementos inertes intentan conformar una figura humana, mezclando lo orgánico y lo inorgánico, la vida y la muerte. En todo caso, tanto técnica como conceptualmente su trabajo posee una maestría y un simbolismo innegables.

"El Asado" (Cuadro invertido)
©2007 DarkMoon
Photography by Evita
Model & Postwork: DarkMoon

sábado, 19 de septiembre de 2009

LA CREACIÓN EN LA MITOLOGÍA GRIEGA

Existen diferentes versiones del mito de la creación en la propia mitología griega.
La "Teogonía", escrita por Hesíodo (S.VIII a.C) contiene los primeros relatos estructurados acerca del origen del universo, los dioses y el ser humano, los cuales provenían de una tradición oral desparecida para siempre.

Según Hesíodo, el mundo surgió de una enorme oscuridad llamada Caos ("el vacío primordial"), , un principio abstracto.
De el Caos surgieron los cinco elementos básicos: Gea (la Tierra), el Tártaro (el mundo subterráneo, en las profundidades de la Tierra), el Érebo (las tinieblas), Eros (la fuerza del amor) y Nix, la Noche (el poder de la oscuridad).


De la unión de Nix y Érebo nacieron el Día y el Éter (personificación del cielo superior), y toda una serie de abstracciones como la Suerte, la Muerte, la Miseria, el Engaño, la Discordia...y de esta última nacerían otras aflicciones como el Asesinato, la Batalla o la Injusticia.
Por otra parte, Gea, la Tierra, engendró por sí misma a Urano, el Cielo, para que la cubriese a ella y fuese un hogar para los dioses que habrían de venir después.
De ella nacieron también las imponentes Montañas, y el Ponto, personificación del Mar, dando así forma a la estructura básica del mundo físico.
Hesíodo describe a Gea como una diosa "de amplios pechos, los cimientos seguros de todo y para siempre"; madre primigenia y fuente de toda subsistencia y fertilidad, encarnando no solo el "cuerpo" físico de la Tierra, sino también su esencia y poder, al igual que sus primeros hijos eran al mismo tiempo divinidades y elementos del universo.
Probablemente el culto a Gea sea mucho más antiguo que el del resto de divinidades.
En toda la región del Mediterráneo se veneraba a una divinidad femenina de la Tierra desde tiempos remotos.
En algunas regiones de Grecia y de lo que posteriormente sería Roma se la conocía con el nombre de Tellus, y siguió rindiéndosele culto aun después de la consolidación del panteón de dioses olímpicos.
Los romanos la veneraban como fuente de donde provenían los recién nacidos, de ahí la costumbre de colocar por unos instantes al bebé en el suelo según acababa de nacer, como reconocimiento del poder de Tellus y para transmitirle su fuerza.

Océano fue hijo de Gea y Urano, y de él nacieropn todos los ríos. En un principio los griegos tenían un concepto de la Tierra como un discso plano, en cuyo centyro algunos llegaron a situar el monte Olimpo, morada de los dioses.

Gea y Urano tuvieron numerosos hijos, muchos de ellos seres monstruosos. Los primeros fueron los Hecatónquiros ("los de cien brazos"), monstruos semihumanos con cien brazos y cincuenta cabezas cada uno.
Después tuvieron a los tres Cíclopes, gigantes con un solo ojo: Arges (el rayo), Brontes (el Trueno) y Estéropes (el Relámpago), todos ellos maestros en el trabajo de la piedra (se decía que ellos habían sido los constructores de las murallas de Micenas).

Gea engendró también por sí sola a otro gran número de hijos, monstruosos algunos, pero no todos.

Los hijos más célebres de Gea y Urano fueron los Titanes, los dioses de primera generación. Fueron estos seis titanes y seis titánides: Océano, dios de los mares y su hermana y esposa Tetis; Hiperión y su hermana y esposa Tía; Temis y Rea, ambas diosas de la Tierra; Mnemósine, la diosa de la memoria; Jápeto, Ceo, Crío, Febe y Cronos.

Los Titanes encarnan en su mayoría las fuerzas de la Naturaleza (a excepción de Mnemósine, la memoria, que fue una aportación tardía al panteón clásico).

Las figuras de los Titanes y sus hijos, así como las de los monstruos y divinidades de esta primera fase de la creación, carecen de la profundidad y personalidad que caracterizarían a los posteriores dioses olímpicos.

El titán Jápeto y Asia (hija de Océano) tuvieron a Atlas (o Atlante), quien más tarde sería condenadoa sostener sobre sus hombros la bóveda celeste por ponerse del lado de los titanes en la lucha de éstos contra los olímpicos.
Según cuenta la leyenda, la cadena montañosa del noroeste de África que lleva su nombre se creó después de que Atlas se convirtiese en piedra para poder sostener tan pesada carga.

Urano enterró a sus hijos en lo más profundo de la Tierra, el tártaro, encerrándolos en las entrañas de su propia madre.
Gea sentía dolor por perder a sus hijos, pero también por la tortura física que suponía tenerlos encerrados en su interior.
Los Cíclopes fueron condenados a vivir en el interior del Etna, siendo sus atronadores murmullos los que causaban las erupciones del volcán.

Llegó un momento en que Gea, incapaz de soportar el dolor y la humillación, convenció a los Titanes para que se rebelasen contra su padre. Sin embargo estos temían a su poderoso padre y solo Cronos fue lo suficientemente valiente como para unirse a su madre en semejante empresa..
Gea creó entonces una hoz que entregó a Cronos, y le mostró donde ocultarse para llegado el momento, sorprender a Urano. Y así, cuando al caer la noche Urano se acostó sobre Gea para hacer el amor con ella, Cronos, saliendo de su escondite, castró a su padre, lanzando sus genitales al mar.


De la sangre derramada de Urano nacieron muchos otros pesonajes míticos, como los Gigantes, las Erinias (diosas vengadoras del parricidio), o las Melíades (ninfas de los fresnos).
De la mezcla del esperma de Urano con la espuma del mar nació la diosa Afrodita.


Cronos ocupó el lugar de su padre como todopoderoso dios del cielo.
Cronos fue identificado por los romanos con Saturno, originalmente un dios del campo y la fertilidad. Bajo su reinado se decía que los hombres había vivído una pacífica Edad de Oro, y sin embargo, en el reino divino, Cronos no tardó en convertirse en un tirano, al igual que lo había sido su padre Urano.
Haciendo caso omiso de los ruegos de Gea para que dejara libres a los Hecatónquiros y a los Cíclopes, tomó por esposa a Rea, otra diosa personificación de la Tierra y la fertilidad, y solo dejó libres a sus hermanos Titanes, en cuyas manos quedó el dominio del mundo.

Cronos y Rea tuvieron seis hijos: Deméter, Hera, Hades, Poseidón, Hestia y Zeus.
Pero tanto Gea como Urano habían profetizado que al igual que había hecho él, uno de sus hijos terminaría destronando a Cronos.
Por esta razón, Cronos devoró a todos sus hijos según iban naciendo.

Rea, al igual que le había ocurrido a su madre, Gea, estaba desconsolada por la péridda de todos sus vástagos, así que con la ayuda de su madre, tramó salvar al último de ellos.
Así, nada más nacer Zeus, Gea lo ocultó y en su lugar entregó a Cronos una piedra envuelta en telas, quien se la tragó sin percatarse del engaño.
Gea escondió al recién nacido dios en una cueva de la isla de Creta, en el monte Dicte, donde fue amamantado por Amaltea, una ninfa-cabra, a la cual posteriormente el dios inmortalizaría en la constelación de Capricornio como agradecimiento.
Rea, preocupada por si Cronos descubría la existencia del niño, ordenó a un grupo de hombres que bailaran y cantaran sin cesar ante la cueva donde se escondía el niño, para que Cronos no pudiese escuchar el llanto del bebé. Estos hombres eran los "curetes", seres semidivinos, célebres por sus danzas, las cuales realizaban entrechocando escudos y lanzas.

Algunas leyendas consideran al dios Pan como maestro de Zeus durante su infancia, mientras que otrass dicen que creció junto a los pastores del monte Ida.

Cuando Zeus alcanzó la edad adulta y supo del sufrimiento de su madre y la muerte de sus hermanos, decidió vengarse.
En un principio Zeus se casó con Metis, ninfa marina célebre por su sabiduría, y ella fue quien le proporcionó a Cronos la droga que le obligó a regurgitar a sus hijos.
Estos, agradecidos, se aliaron con Zeus, comenzando así una guerra entre Titanes y Olímpicos.

La piedra que Cronos se había tragado en lugar de Zeus también fue regurgitada junto a los hermanos de éste, y se dice que se conservaba en el Oráculo de Delfos (el cual también se consideró el "ombligo" del mundo, es decir, su centro).
Este episodio mitológico es, como ocurre con toda la mitología, una metáfora histórica y posiblemente represente en parte el paso del sistema matriarcal al patriarcado. Así, la Edad de Oro, durante el reinado de Cronos, sería una alusión a la época mas temprana del régimen matriarcla, durante el cual la deidad principal era una diosa Madre, representada terrenalmente por una reina o sacerdotisa que pasó a la mitología como Gea o Rea, la titánide personificacion de la tierra, cuyo consorte, el "Rey Sagrado", encontramos en la figura de Urano o Crono. La castración de Urano por parte de su sucesor Cronos, y posteriormente la repetición de este capítulo con Cronos y Zeus simbolizaría la castración y/o muerte ritual anual del rey sagrado durante el perídodo matriarcal.

La contienda entre Titanes y Olímpicos recibe el nombre de "Titanomaquia".
Cronos contaba con el apoyo de sus hermanos y hermanas Titanes, y de los hijos que habían engendrado estos.

Consciente de su inferiorodad numérica, Zeus decidió liberar a los Cíclopes , con la condición de que poveyeran de armas a llos dioses olímpicos. Éstos fabricaron el yelmo que haría invisible a Hades, el tridente de Poseidón y los rayos que se convertirían en símbolo del poder de Zeus.

También liberó a los Hecatónquiros, ganándose así el favor de Gea, que había ansiado largo tiempo la libertad de sus hijos.
Fue ella quien instó a los Titanes a que se sometieran a Zeus, y los más sabios entre ellos se avinieron, pero la mayoría continuó apoyando a Cronos.
Los Titanes estuvieron representados por Atlas o Atlant, hijo de Jápeto.

Estalló así una terrible guerra, que duró largo tiempo, y al final de la cual los Olímppicos cercaron a los Titanes en el monte Otris, donde Hades, armado de su yelmo, se deslizó sin ser visto hasta donde estaba Cronos y lo despojó de sus armas, para que acto seguido Poseidón lo amenazara con su poderoso tridente y Zeus con sus temibles rayos, mientras los Hecatónquiros lanzaban una lluvia de piedras sobre los Titanes.
Así, el bando de Zeus salió victorioso, y los Titanes fueron encerrados en su mayoría en el Tátaro, bajo la eterna custosia de los Hecatónquiros.
Atlas, como ya hemos dicho, fue condenado a sostener sobre sus hombros el peso de la bóveda celeste durante toda la eternidad y Cronos, según algunas versiones fue encerrado en el Tártaro y según otras le fue concedido un digno exilio en la Isla de los Bienaventurados.

Aún así, Zeus no se hizo con el poder absoluto inmediatamente, ya que aunque Gea lo había apoyado inicialmente, con el tiempos e enfadó con él por su forma de comportarse y convenció a los gigantes para que la ayudasen a derrotarlo. Se inició así la Gigantomaquia. De los gigantes se dice que habían nacido de la sangre derramada en la castración de Urano, aunque según otras versiones fueron creados por la propia Gea para que la ayudasen a derrotar a Zeus.

Los gigantes atacaron a los Olímpicos arrojando enormes piedras y robles ardiendo a los cielos; pero ahora los olímpicos contaban también con sus propios hijos: Ares, Hermes, Apolo, Artemisa y Atenea, quienes fueron de gran ayuda.
Los dioses supieron a través de un oráculo que solo podrían herir a los gigantes recurriendo a un mortal.
Así que recurrieron a la ayuda de Heracles (Hércules), con ayuda del cual derrotaron efectivamente a los gigantes.

Pero Gea, aún furiosa, creó al monstruo Tifón, un ser con cien cabezas de dragón, serpientes a modo de patas y varios centenares de manos.
En esta ocasión Zeus se enfrentó a Tifón en un combate cara a cara. En un momento del combate, Tifón consiguió cortar los tendones de los pies y las manos de Zeus, tras lo cual los escondió; pero Hermes logró encontrarlos.
Finalmente Zeus logró aplastar a Tifón bajo el peso del Etna.
Gea aceptó su derrota y no volvió a rebelarse contra Zeus.
Éste se convirtió en dios supremo del Olimpo, y concedió a sus hermanos Hades y Poseidón el dominio del inframundo y los océanos respectivamente.


LOS GRIEGOS, SUS DIOSES Y LOS CIELOS


Los griegos fueron unos magníficos astrónomos, herederos de la tradición mesopotámica, persa y egipcia.
Sus aportaciones sentaron las bases de la astrología y la astronomía modernas.
Pusieron nombre a todas las constelaciones del hemisferio septentrional, que en su mayoría tomaron nombres de personajes mitológicos.
Los astrónomos clásicos conocían solo cinco planetas, que han llegado a nosotros en su forma romanizada: el que quedaba más próximo, Mercurio (Hermes), tomó el nombre del mensajero de los dioses por ser el que se movía con mayor rapidez. Venus (Afrodita), la diosa más hermosa del Olimpo, dio nombre al planeta más brillante (después del Sol y la Luna). Marte (Ares) tomó su nombre del dios de la guerra por su color rojo y Júpiter (Zeus) recibió el nombre del más importante de los dioses por ser el más grande.
Los romanos identificaron a Saturno, el planeta más distante para los antiguos, con el titán Cronos. En su honor se celebraban las Saturnales cada vez que el Sol entraba en capricornio (el signo zodiacal sobre el que rige Saturno).
Posteriormente los astrónomos que pusieron a los tres planetas descubiertos más tarde respetaron la tradición. Urano lleva el nombre del padre de Saturno (Cronos), con lo que las tres generaciones de dioses del cielo : Júpiter (Zeus), Saturno (Cronos) y Urano (padre de Cronos) quedaron representadas en el cielo respetando el orden cronológico.
El octavo planeta, Neptuno, descubierto en el S.XIX, tomo su nombre del hermano de Júpiter (Zeus), el Poseidón de los griegos.
El último planeta en descubrirse (1930) lleva el nombre de Plutón (Hades) en alusión al otro hermano de Júpiter (Zeus), dios del inframundo.